Democracia de Palenque


Tal parece que no se ha entendido que la credibilidad institucional está por los suelos y que sin un marco institucional sólido el país se desfonda. Siguen estirando la liga pensando que no se romperá, pero lo va a hacer y serán responsables directos del desastre que se siga. La ambición por el poder es tan grande que no deja espacio para medir las consecuencias de la guerra que han desatado.

En este punto pedir cordura nos hace aparecer como los seres más ingenuos del planeta. No sólo hemos normalizado el comportamiento aberrante de los actores políticos, sino que nos sumamos de la manera más irreflexiva posible a los insultos, las injurias y las calumnias. Nos “vengamos” de nuestras miserias insultando y descalificando a los que tienen una opción política distinta, como si la aparente catarsis no fuera a tener ninguna repercusión.

Estamos realmente convencidos de que nada va a pasar si descargamos nuestras frustraciones denostando al prójimo, sin cuestionarnos en absoluto el papel activo que estamos jugando en la destrucción de nuestra nación. Hemos llegado a tal situación que hasta aplaudimos las injusticias cuando quien las sufre es aquel que no goza de nuestras preferencias. Somos como perros persiguiendo su propia cola, con el alto riesgo de alcanzarla.

Todos somos culpables -me refiero, por supuesto, a los adultos- pero, no todos somos igual de culpables. Sin duda alguna, quienes juraron respetar y hacer respetar la ley, y cobran grandes sueldos por hacerlo, tienen la mayor responsabilidad, pero resultan ser los peores porque intencionalmente usan las instituciones para sus propios fines perversos. Pero, lo más grave que ocurre es que no se dan cuenta que, si les llega a funcionar y ganan, entonces luego no podrán gobernar porque ya destrozaron la vida institucional del país.

Cabe la posibilidad de que sea esa su intención, uno no puede alcanzar a imaginar en su plena magnitud de lo que son capaces, pero, lo que sí es de lamentar es que entonces, en lugar de que los ciudadanos llamemos a mesurar las posturas, nos sumemos al desorden y aplaudamos a los actores políticos que insultan y mienten, claro, cuando son “nuestro gallo”.

Sí, la política en México se asemeja cada vez más a un palenque, en el que los candidatos se lanzan cuchilladas y se despluman mutuamente al tiempo que todos aplaudimos sin pensar que sea quien sea el que gane, llegará todo maltrecho a tratar de gobernar; mientras, desde las gradas seguimos apostando, gritoneando y medio matándonos cuando “el nuestro” caiga derrotado; entonces alegaremos que nos hicieron trampa y nos negaremos a pagar.

Triste forma de entender la democracia.

POR MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO

 

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