Mentiroso que engaña a mentiroso


El portal de noticias ADN Político publicó una investigación sobre el negocio de las “fake news” o “noticias falsas” según el cual, una compañía dedicada a mentir para enaltecer a un candidato o atacar a sus adversarios a través de las redes sociales, puede llegar a cobrar desde 400 mil y hasta un millón de pesos mensuales dependiendo del cargo al que aspire.

Una primera pregunta que surge a raíz del reportaje es de dónde sale ese dinero, porque es altamente probable que su origen sean nuestros impuestos. Con un millón de pesos mensuales seguramente se podrían comprar medicamentos para los hospitales públicos o desayunos nutritivos para estudiantes pobres, pero no, alguien decide que es mejor usarlos para pagar los honorarios de un mentiroso.

La cuestión se torna peor cuando, además, los recursos con que se pagan esos servicios ni siquiera pasan por un partido político (no se contabiliza como gasto de campaña) sino que salen de las arcas de los gobiernos -municipales, estatales y el federal- bajo rubros como “asesoría en comunicación digital” o “inserción de publicidad oficial”. Eso suele suceder con los candidatos que pertenecen al mismo partido que se encuentra en el poder y que reciben su “ayudadita” de parte del que pretende heredarles el cargo.

Pero, las mentiras no garantizan que gane el candidato o partido que pagó los servicios del medio de noticias falsas. Hay muchos ejemplos de campañas negras a través de las redes sociales que no surtieron efecto alguno en el ánimo del electorado.

Lo curioso son los parámetros que utilizan los creadores de las fake news para demostrar a sus clientes que sus campañas negras están funcionando: “me gusta” y “compartidas” están entre los “datos duros” que les muestran que la mentira se “viralizó”. La pregunta que debería inquietarles es: si se les paga por mentir ¿qué seguridad se puede tener de que los resultados que juran estar teniendo sean ciertos? Si su experticia es la mentira ¿cómo saber que sus números no son una mentira más?

Estoy convencido de que los empresarios de las noticias falsas son exitosos en engañar, pero lo son con el único con el que les tiene que funcionar el engaño: el político que los contrata. Lástima que sea con nuestro dinero, porque, de lo contrario, sería otro ladrón robando ladrón, o mejor dicho, mentiroso que engaña a mentiroso.

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