AMLO sí representa un riesgo para la economía


Luis Enrique Mercado

Andrés Manuel López Obrador ha tratado de mostrarse como un candidato prudente para no asustar a los mercados y que eso se tome como excusa para no votar por él.

La verdad es que, aunque ha conseguido que algunos sectores le crean su “prudencia”, la mayoría de los analistas sí ponen su probable triunfo como un factor de riesgo e incertidumbre para la economía mexicana.

Por ejemplo, esta misma semana, la calificadora Fitch Rating confirmó una buena nota para la economía mexicana, pero dijo que “los resultados de las próximas elecciones pueden presentar algunos riesgos… bajo la administración liderada por el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador existe el riesgo de una realización más lenta de las reformas” y señala que la volatilidad del mercado financiero podría intensificarse.

En general, todas las calificadoras prevén que López Obrador tiene amplias posibilidades de ganar las elecciones y todas,
con excepción de Standard and Poor’s que dice que no habrá riesgo, todas señalan que aún antes de las elecciones y ante la certidumbre de que AMLO ganará, aumentará la volatilidad, lo que en cristiano quiere decir que el peso se depreciará frente al dólar por arriba de los 20 pesos.

López Obrador tiene rasgos de bipolaridad porque en algunos lados dice que no hará cambios drásticos, que no representa riesgos; pero en otros escenarios amenaza con el Tigre, asegura que frenará las obras del aeropuerto de la Ciudad de México, que revisará con lupa los contratos generados a través de la Reforma Energética y que en educación no hará nada que no quieran los maestros.

Son cambios drásticos que inquietan y si a ello se le agregan los planes dibujados con mucho detalle en su Plan Alternativo de Nación las cosas se ponen más inquietantes.

En esencia, las medidas propuestas significan un aumento más o menos importante en el gasto público que, sin propuestas para aumentar los ingresos, a lo único que conducen es a un mayor déficit público que se traduce en crecimiento de la deuda.

Abrir la puerta sin exámenes a todos los jóvenes que aspiran a una carrera universitaria significa colapsar el sistema universitario.

“Contratar” a 2.3 millones de jóvenes producirá no sólo un caos, corrupción y desperdicio del gasto, sino que no hay fuentes de financiamiento sano de eso.

Detonar obras de infraestructura también representa un crecimiento del gasto público que no tiene de dónde financiarse.

Es decir, en esencia, la perspectiva que ofrece AMLO significa una ruptura a las políticas ortodoxas que se adoptaron a raíz de las enormes crisis de los años 70s, 80s y principios de los 90.

Y romper con ello es regresar al desorden en las finanzas públicas que produjo las grandes crisis económicas de México que se tradujeron en el aumento explosivo de la pobreza mexicana que, por cierto, nunca se ha logrado revertir.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.

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