El Viacrucis


Arturo Martínez Núñez

Termina por fin el mal llamado periodo de “intercampaña” y comienzan, a partir del 30 de marzo (Viernes Santo para los católicos), las campañas por la presidencia de la República. La carrera será entre cuatro competidores al dejar el INE prácticamente sepultadas las aspiraciones de Armando Ríos Piter y de Jaime Rodríguez “El Bronco”. Mares de tinta se han vertido durante este periodo. Cientos de ataques –reales o infundados– se han cruzado entre los diferentes candidatos. A partir del viernes un aluvión de spots en radio, televisión y redes sociales inundarán la vida pública de México. Las calles y caminos se llenarán de propaganda de unos y otros.

En política nunca nada está escrito. Pero con los datos con los que contamos parece prácticamente inevitable que Andrés Manuel López Obrador sea el próximo presidente de México.

Al revisar los spots de los candidatos José Antonio Meade y Ricardo Anaya, me queda claro que los estrategas de ambos personajes, encerrados en sus lujosas oficinas de Polanco y las Lomas de Chapultepec, no están leyendo el sentir de los mexicanos.

El tema de esta campaña es la corrupción. Así de sencillo. La gente está harta de escuchar un día sí y otro también sobre casos de autoridades que lejos de cumplir y hacer cumplir la ley, son los primeros en violarla por acción o por omisión. La gente siente que sus gobernantes (de uno y otro color) están alejados de la cotidianidad y viven en una burbuja de cristal. La gente tiene miedo porque las calles de México se han convertido en escenario del crimen. La gente está preocupada por el aumento de los energéticos que impacta todos los días en sus bolsillos. La gente quiere un cambio. La gente entiende que no se puede seguir viviendo así. Por eso aquel candidato o candidata que sea capaz de tocar el sentimiento de la gente, será el favorecido por el voto popular.

Esta campaña no se trata de saber quién está “mas preparado”. Ni quién tiene ideas mas novedosas e internacionales. No se trata de convertir a México en Noruega, se trata de que deje de predominar la ley de la selva. Se trata de que los mexicanos podamos volver a salir a la calle con tranquilidad y que el gobierno esté ocupado en garantizar condiciones para el desarrollo y no ocupado en direccionar licitaciones ventajosas.

El electorado busca un referente, un Jefe de Estado que sea capaz de regenerar a la nación y buscar la unidad. Los mexicanos no quieren ni necesitan al gerente de una empresa sino al líder visionario que sea capaz de trazar las líneas estratégicas generales para el desarrollo nacional.

Los tres candidatos rezagados tratan de lograr arañarle algo al puntero López Obrador cuestionando todo lo que dice. El último episodio de esta infructuosa andanada es el tema del llamado Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Andrés Manuel López Obrador ha manifestado que es necesario revisar la viabilidad técnica de la obra y la legalidad de los contratos. De inmediato, tanto los candidatos como el gobierno federal y las cámaras empresariales salieron a declarar que López Obrador estaba en contra del desarrollo de México.

El gobierno y su candidato, han tomado el tema como si en realidad el aeropuerto estuviera en el imaginario de la ciudadanía y lo que estuviese en riesgo fuese el destino mismo de la patria.

Piensan, los adversarios de AMLO, que el electorado se va a poner de su lado cuando en realidad la gente está cansada de la corrupción en la asignación de las obras públicas y en las tardanzas en su ejecución y los sobreprecios e ineficiencias técnicas de muchas de éstas. Ejemplos hay decenas, podemos mencionar el Paso Express de Cuernavaca, el fallido tren México-Queretaro, la Estela de Luz, entre muchos otros. La ciudadanía está harta de escuchar historias de corrupción sistematizada como la llamada “Estafa Maestra”. Los pequeños y medianos empresarios están cansados de que las grandes obras siempre terminen en manos de unos cuentos. Por lo tanto es torpe pretender ganar simpatías entre el electorado defendiendo lo indefendible.

López Obrador conoce el sentimiento de la nación porque la ha recorrido incesantemente y en varias ocasiones. Sabe lo que le duele al ciudadano porque convive con el cuerpo a cuerpo. Entiende cuáles son los gatillos de su frustración y enojo. Lo sintetiza magistralmente diciendo “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.

Los estudios mas recientes de opinión confirman lo dicho. Un dato interesante, dicho por el especialista y encuestador Roy Campos: es la primera vez desde el año 2000 en que el puntero en la contienda presidencial sube su preferencia entre noviembre y marzo.

Se equivocan los que piensan que AMLO ha llegado a su techo, por el contrario: sigue subiendo en cada nueva medición de todas las casas encuestadoras.

Terminando la Semana Santa comenzarán las campañas. Para unos será un verdadero viacrucis darse cuenta de que la ola ciudadana que empuja a López Obrador lejos de amainar crece y crece al pasar de los días y que poco o muy poco podrán hacer para detenerlo porque detrás de él se encuentra el apoyo de una ciudadanía cansada, harta y dispuesta al cambio verdadero.

facebook.com/ArturoMartinezNunez

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