La hora de la verdad


Arturo Martínez Núñez

Finalmente arrancaron las campañas a la presidencia de la República, al Senado y a la cámara de diputados. Terminaron los eufemismos, comenzó la verdadera batalla política.

Margarita Zavala comenzó los primeros minutos del viernes 30 en el Ángel de la independencia en la Ciudad de México. Lo hizo incluso antes de que concluyera la sesión del INE en que su candidatura fue aprobada. Estuvo flanqueada por su esposo el expresidente Calderón quien es al mismo tiempo su mayor activo y su mayor pasivo. Margarita crece en cada nueva encuesta y parece ser que recoge las preferencias que pierde Anaya. Todos los estudios la colocan alrededor de los 10 puntos porcentuales acercándose paulatinamente al tercer lugar.

Ricardo Anaya decidió iniciar su campaña en Santa Fé la zona donde sitúan sus cuarteles generales la mayoría de las trasnacionales que operan en México. El mensaje fue equivocado, refleja un desconocimiento y desprecio por el México real.

José Antonio Meade inició en Yucatán que es uno de los bastiones del PRI. Es quizás la única entidad de la República donde e candidato a gobernador tricolor es competitivo. El acto fue un evento en un salón cerrado que bien pudo haber sido en cualquier otro lugar y no en Mérida. Meade ha ocultado al PRI de su campaña: el tricolor no aparece ni en los logos ni en el nombre. Pareciera que la estrategia es esconder por completo al partido que lidera la coalición de Meade.

Andrés Manuel López Obrador inició campaña en Ciudad Juárez, dejando claro el compromiso de defender a la nación ante los ataques del vecino del norte y al mismo tiempo recordar su pasión por el Benemérito de las Américas. Andrés Manuel arranca su gira en el norte del país, la región donde históricamente ha cosechado menos apoyos en una muestra clara de haber entendido los errores cometidos en anteriores campañas.

Las campañas han arrancado formalmente. Los candidatos juegan en distintas pistas queriendo llevar agua a su molino. En esta batalla serán fundamentales los actores locales (candidatos a gobernadores, senadores y diputados federales y locales) pues son los que habrán de aterrizar el impulso de los candidatos a la presidencia. El papel de lo local es fundamental para alcanzar el objetivo mayor. No son los candidatos a la presidencia los que deberán jalar a los candidatos a puestos inferiores sino que por el contrario, son los candidatos locales los que de en impulsar a sus candidatos a la presidencia.

México es un país multicultural y multinacional. Los problemas y desafíos de cada región son diferentes y los planteamientos y soluciones deben de ser particulares para cada región. De ahí la importancia de lo local sobre lo global.

Andrés Manuel López Obrador debe de evitar caer en el juego del pleito callejero. La gente quiere ver a un estadista no a un peleonero de barrio. Debe de escoger sus batallas y continuar fijando la agenda política como ha venido haciendo con eficacia hasta ahora.

Meade y Anaya intentarán a toda costa enganchar a López Obrador en debates puntuales que este debe de evitar por no tener nada que ganar en ellos. Dicen los clásicos que el debate lo pide quien lo necesita.

Anaya parece estancado en las mediciones. Meade crece pero a un ritmo que es insuficiente para alcanzar a los punteros. Margarita Zavala es la única que parece crecer consistentemente. Aún no se sabe dónde está su techo aunque parece que su crecimiento es a costillas de Anaya.

Las campañas tomarán un impulso diferente en cuanto comiencen la contiendas en aquellos estados donde hay competencias locales. En el caso específico de Guerrero esto ocurrirá 60 días antes en el caso de los diputados y 45 para los ayuntamientos.

Los simpatizantes de la Coalición “Juntos haremos historia” debemos de convencer al electorado de que no es suficiente con que Andrés Manuel gane la presidencia de la República sino qué hay que complementar este triunfo dándole una mayoría suficiente en los congresos locales y en el federal para poder emprender las transformaciones necesarias para el país.

No es suficiente ganar. Al dinosaurio hay que noquearlo por completo para evitar la tentación del fraude electoral. Es necesario hacer a un lado los intereses personales por legítimos que estos sean y tener altura de miras y desprendimiento.

Sonó la hora de la verdad. De nosotros dependerá si llevamos a López Obrador a Palacio o si dejamos que se retire a su rancho en Chiapas.

Oportunidades como ésta se dan quizás una vez por generación. No tenemos derecho a desperdiciar nuestra oportunidad de cambiar al país. Hagámoslo por nuestros hijos y por las futuras generaciones.

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